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La temporada del Madrid

Primero y ante todo, aunque sea lamentable tener que aclarar esto, se hace necesario en los tiempos que corren: no soy antimadridista. Algunos de los miembros del Café, sigamos escribiendo o no, somos periodistas deportivos, pero afortunadamente creemos no ser de los ruidosos, cosa que esperemos así sea durante toda nuestra trayectoria. Lo que sigue, por tanto, es una opinión desde el respeto. Espero que las personas que lean el artículo, sientan los colores que sientan, también lo entiendan así: 

Marcelo y Asensio, goleadores en Múnich

La temporada del Real Madrid es dificilmente calificable. Mi sensación, no sé si justa o no, es que es mala. Entiendo que cada día hay menos clubes de la magnitud (o parecida) del conjunto merengue, con la capacidad que obliga a pelearlo todo. Huyo del discurso instalado desde la vorágine que han traído los reinados de Messi & Cristiano en que si no se ganan varios títulos al curso se fracasa. No, existen los rivales, la fortuna, las lesiones, los árbitros, los postes, una mala tarde y mil factores más. Bajo mi concepción, Madrid y Barcelona deben hacer todo lo posible por ganar, lo que teniendo en cuenta su potencial económico y deportivo probablemente desemboque en títulos.

Sin embargo, para mi el curso madridista es malo no porque no haya ganado en Liga y Copa, sino porque no los han competido. Es cierto, comienza el Madrid 5 partidos de Liga sin Cristiano, juega bien bastantes encuentros que no acaba ganando, mientras su máximo rival va conjuntándose en torno a la idea de Valverde mientras gana aunque su juego deje que desear. Al final, unos la meten y los otros no. Se descuelgan los de Zidane, pero ¿es justificable sin Copa y con una fase de grupos de Champions tan light? Que el Tottenham les diera problemas, que el equipo se emborrachase en agosto con las Supercopas, que el Barça tuviera por entonces mala pinta, no justifica que ese vestuario, como hace desde hace 20 años, se deje ir en Liga para esperar relajadamente a las eliminatorias de Champions.

¿La Copa? Poco atractiva (para ellos, claro). Eliminan con susto a un equipo de Segunda, y llega el Leganés, con marcador en contra, y remonta en el Bernabéu. Meritazo espectacular de los pepineros, pifia vergonzosa de la segunda unidad blanca. Ahí podría hablarse de planificación, si bien a mi me parece que los Ceballos, Marcos Llorente, Vallejo y compañía son unos jugadores magníficos. Faltos de ritmo, aún sin madurar del todo, pero que no debían caer en su hogar. 

Antes, a finales de diciembre, ultimatum por la Liga ante el Barcelona. El que era vigente campeón tenía tal desventaja que perder podría suponer un adiós prematuro. Ganar, en cambio, recortaba ventaja en la clasificación, así como moral. Y tenía algún encuentro pendiente por el Mundial de Clubes. Pero los culés vencen 0-3, asestando un golpe al campeonato. A partir de ahora solo el Atlético de Madrid les hará frente, aunque contra Messi parezca misión imposible.

La Liga, pues, marca la pauta de una campaña. La barcelonista no es extraordinaria. Sí notable, pues han ganado los dos títulos nacionales más importantes, con autoridad, no obstante con un fútbol lejos del mejor que han ofrecido esos colores en unos años cada vez más lejanos. ¿Ha peleado el Madrid la Liga? ¿Ha llegado lejos en Copa, o al menos ha caído en una eliminatoria épica ante un gran rival? Teniendo en cuenta que hablamos de una de las mejores plantillas del mundo, también de la historia del Madrid, esto es un fracaso. Repito, no el hecho de no ganar, más bien el de no competir.

32 años tuvo que esperar el Madrid para alzar otra 'Orejona'

La obsesión auspiciada desde el club a finales de los 90 en busca del Santo Grial que representaba una Copa de Europa que llevaba tres décadas ausente, ha acabado perjudicando al propio club blanco. Se puede decir que la no necesidad de ganar la Liga para disputar Champions, así como la aparición de Messi, ha lastrado al Madrid a nivel nacional, si bien el Madrid ya renquedaba con ello desde el último lustro del pasado siglo. Así, ganar la Champions ha pasado de ser el principal objetivo blanco a casi el único, como si nada más colmase su ansia, como si la preciosa Liga y la maravillosa Copa no fueran más que estorbos, torneos menores en los que no se baten ante mastodontes en estadios de 60.000 espectadores en una noche entre semana.

Por todo lo anterior creo que si el Madrid pierde el sábado que viene ante el Liverpool, la temporada se podrá calificar como objetivamente mala. Si gana, habiendo obtenido Supercopas de España y Europa, Mundial de Clubes y Champions, diría que es regular. Suena muy fuerte, pero repasen la plantilla del Madrid, de lo que es capaz cuando quiere en los torneos y ante adversarios más difíciles, y luego rebatan con argumentos que ese equipo, como mínimo, no debía estar peleando la Liga hasta Mayo.

Está Messi, sí, pero también estaba el año pasado cuando la Liga fue merengue, o en 2014 cuando ganaron los colchoneros, o 2012, 2008 y 2007, coronándose el Madrid. Claro, que una cosa es el poder y la otra el querer, y por más que se tenga de lo primero, sin lo segundo no se alcanza.

La guinda llegará el próximo sábado 26 de Mayo. Luego nos tocará disfrutar del Mundial (¡por fin!).

Te quiero Málaga

Muchos kilates en esa alineación (2011-12)

Esta semana el Málaga CF ha descendido a Segunda División tras 10 años seguidos en la élite, récord del club en cualquiera de sus denominaciones. Ha sido una década notable, con momentos muy destacados como las victorias ante todos los grandes, el paso por la Champions League, los recuerdos que Cazorla, Toulalan, Isco, Baptista, Duda, Willy Caballero, Santa Cruz o van Nistelrooy nos dejarán por siempre, así como salvaciones agónicas. 

Esta bitácora cumple 11 años estos días, por tanto no había tenido que lamentar nunca un descenso del equipo de mis amores. Podría hablar de lo mal gestionado que ha estado la entidad los últimos tiempos, de la pésima plantilla y los espantosos profesionales que sangran al Málaga CF sobre el césped, el banquillo o los despachos. Allá ellos con su conciencia, pues si este club se rehizo de su desaparición partiendo de sus cenizas en Tercera, habiendo vivido mil situaciones límites y muchos otros descensos, por supuesto que regresaremos a lo más alto. Ya si además se hacen las cosas bien quizá se alcance el verdadero potencial de un club que nunca debería salir del top 8 nacional, aunque en eso no entraremos hoy.

Quiero usar estas líneas para intentar expresar porqué soy malaguista.

Obviamente que sea el equipo de tu tierra influye por muchos factores. Es lo cercano, lo que dota con un sentido de pertenencia, parte de tu gente, es identificación, "luchar" y "defender" lo tuyo a partir de unos ideales, una historia y once tipos dándolo todo con mayor o menor fortuna sobre el tapete. El que piense que el fútbol va de ganar, cuando un torneo lo gana uno entre cientos cada año, probablemente no tenga ni idea de lo que implica de veras este deporte. Que oye, ganar es precioso, un anhelo que todo hincha comparte, pero es imposible negar que alzar la Copa aunque sea una vez en la vida, o festejar un ascenso, es más especial que levantar los dos o tres títulos por temporada que se llevan actualmente los clubes-multinacional, en parte desarraigados, con millones de ventajas (algunas merecidas por su buena gestión durante décadas, todo sea dicho) pero que lloran a la mínima si un club más normalito les estropea la fiesta.

El primer partido al que recuerdo que asistí como aficionado malaguista no fue en el templo de La Rosaleda, sino en El Pozuelo de Torremolinos, mi pueblo. Ahí tuve un buen bautizo, pues aunque en Tercera estábamos, disfruté con el gol de Basti que nos dio la victoria ante el Juventud. Luego sí, meses más tarde mi padre nos llevó a mi y a mi hermana a la fase de ascenso en una Rosaleda para mi impresionante (pese a los muchos huecos en la grada), en la que empatamos 2-2 ante el Isla Cristina.

¡Cuanto nos costó superar la Segunda B! No fueron demasiados años, pero cada uno pesaba como una losa. No era la categoría del Málaga, por lo que enquistarse en ella dolía cada fin de curso. Hasta que en 1998 se obró un milagro por partida doble que nos devolvía al fútbol profesional, en la tarde de Guede que jamás olvidaremos.

Bravo, Movilla, Rafa, Larrainzar, Guede, Basti... mucho carisma ahí.

Aquella 98-99 fue una fiesta. Ya tenía camisetas de fútbol, mas siempre me las habían regalado. Con las 5.000 pesetas que me dio mi abuelo para mi cumpleaños me fui corriendo a comprarme la blanquiazul de aquella mágica temporada, una Kelme con la que había que tener cuidado que no se enganchase en ningún lugar (y que obviamente aún conservo). Recuerdo ir a casi todos los partidos aquella campaña, casi siempre con algunos amigos del colegio. Tren hasta el centro de Málaga, caminata hacia el estadio portando camiseta y bufanda blanquiazules, aderezado con un saco de pipas para la ocasión.

Creo que el día más bonito que he vivido en La Rosaleda, y por ende en ningún estadio (y he visitado Giusseppe Meazza, Bernabéu, Cilindro, Villa Park, Monumental, Calderón...), fue el ascenso a Primera a finales de la primavera de 1999. Se acababa el colegio, soñábamos con regresar entre los grandes, así que cumplimos con el ritual. Nos plantamos en el templo un rato antes, pues estaba hasta la bandera, augurando fiesta tras el partido que nos enfrentaría al Albacete. El sol de justicia de aquel mediodía daba un tono aún más irreal a aquella mañana perfecta, incluso aunque el rival anotase en los primeros compases. Luego se remontó, ganamos 3-2 certificando el regreso a Primera menos de una década después de habernos refundado en Tercera. E invadimos el césped, festejamos con desconocidos con los que compartíamos alegría, con los jugadores, con Joaquín Peiró y con cualquiera que se cruzase en nuestro camino.

Luego regresé decenas de veces al hogar que tantas almas compartimos. O centenares de veces, ¿qué más da? La Intertoto, goleadas a Atlético, Sevilla y Barcelona, otro descenso, el miedo a caer a Segunda B (¡qué alivio la victoria ante el Poli Ejido), el regreso con los tantos de Antonio Hidalgo, la Champions, vencer en el Camp Nou, batir al Madrid tras tantos años, noquear al AC Milan, al Anderlecht o al Oporto... Mi vida como malaguista ha sido preciosa, pues las desgracias son parte de la misma (por eso siempre digo que el hincha del grande vive en una realidad paralela), y las muchas alegrías, aunque no implicasen el metal de un título, quedarán por siempre selladas en mi corazón blanquiazul, independientemente de la categoría en que juegue el equipo, de quienes salten al césped o quienes manden en los despachos.

Va a ser un reto durísimo ante los Osasuna, Zaragoza, Valladolid, Oviedo, Granada, Cádiz, Numancia, Córdoba (espero), Tenerife, probablemente Las Palmas y Deportivo, quizá Mallorca y Racing de Santander... algunos con títulos nacionales, varios con grandes gestas europeas, todos clásicos a la espera de su momento para regresar a la élite. Que queréis que os diga: estoy deseando que pasen unos meses para sacarme el abono de Segunda División y ver de nuevo a los míos batiéndose el cobre. A por el 13º ascenso a Primera.
 
Te quiero Málaga.

El aburrido fútbol europeo

Séptimo año seguido con esta anodina imagen

Cada año las distancias en las principales ligas aumentan a la par que desciende la emoción. Los enormes contratos televisivos, las fortunas externas, la Ley Bosman (que aunque justa ha contribuido a ello) y, todo hay que decirlo, el buen aprovechamiento de esos recursos casi ilimitados, ha creado desde hace unos años una fastuosa aunque reducida corte europea que lejos de mejorar el espectáculo animando al espectador (sin hinchas no hay fútbol, jamás lo olvidemos), está alejando cada vez más a parte de ellos de la élite.

Vamos por partes:

De las últimas 20 Bundesligas el Bayern se ha llevado 14. La mitad de las restantes fueron para el Borussia Dortmund, repartiéndose el resto Wolfsburg, Stuttgart y Werder Bremen. Desde la década de los 70 la estrategia de fichar a lo mejor de la concurrencia local le ha otorgado grandes réditos tanto a nivel nacional como internacional, algo que no han podido replicar sus rivales, a años luz del conjunto bávaro. A día de hoy, su impresionante estructura, su cultura ganadora, su gran profesionalización así como el apoyo de importantes multinacionales le convierten en un equipo prácticamente inabordable en suelo alemán, por lo que su éxito está asegurado los próximos años. Salvo renacimiento de Borussia Dortmund u otro clásico (HSV, B.Mönchengladbach), o que el RB Leipzig salte la banca, poca emoción albergará la Bundesliga.

Esto es extensible a Francia, si bien el PSG está lejos de la historia exitosa del Bayern. Aún así lo atomizado que ha estado siempre el poder en la Ligue 1 permite a los parisinos reinar sin demasiados problemas. El año pasado venció el Mónaco, en parte ya desmembrado por ellos mismos con el fichaje Mbappé. También una pifia de Ancelotti permitió a un meritorio Montpellier ganar su primer título a lomos de Belhanda y Giroud en 2012. Hoy el PSG está empatado a entorchados con Stade Reims y Girondins, por detrás de Olympique de Lyon, Nantes, Olympique de Marsella, Mónaco y St.Étienne. Si nada cambia, en un lustro habrá superado a todos los grandes históricos un club que hasta 2012 solo acumulaba dos ligas.

La misma foto desde 2012
Italia, antaño cuna indiscutible de la competitividad en el fútbol ha perdido ese gen identificativo que permitía que cualquier formación de aquel país le pelease (y casi siempre venciese) a cualquier adversario por poderoso que fuera. Hoy día la Juventus se cose año tras año el Scudetto, sumando seis consecutivos, con el séptimo cerca si no lo evita un meritorio Nápoles. Llevamos un lustro sin noticias de Milan e Inter, aunque parece que en este último comienzan a brotar ciertas esperanzas. La Roma es un eterno quiero y no puedo, mientras animadores como Fiorentina o Lazio no tienen el potencial para sostener en el tiempo una batalla tan desgastante. Así, salvo que los partenopeos asalten Turín, ganen todo por el camino además de obtener un favor del Inter, la Juve sumará su 7º título consecutivo cuando hace apenas una década estaba volviendo de Serie B.

En Inglaterra, donde despilfarran ridiculamente el dinero cada curso, va a ganar el Manchester City con sobradez, algo que ya quedó claro en diciembre ante un impresionante ritmo de victorias que nadie pudo seguir. En España la Liga se decidió hace un mes cuando Messi anotó de falta ante el Atlético en el Camp Nou. Es lo que tiene la bomba atómica, que da igual cómo juegue el Barcelona que surgirá el genio argentino para resolver la papeleta.


Por tanto, tenemos a las 5 grandes Ligas prácticamente sin emoción (veremos en Italia, el resto está cocinado). En menor escala, ligas como la escocesa, la griega, la bielorrusa, la austríaca o la suiza vienen a significar tres cuartos de lo mismo. Cada año Celtic, Olympiakos, BATE Borisov, RB Salzburg y Basel ganan sus ligas, si bien parece que esta vez se va a romper la hegemonía en tierras helenas (¡gracias Mario Husillos!) así como en las helvéticas. Migajas, pues luego estos clubes serán meras comparsas en el baile de ricos que es la Champions, donde a veces no llegan, y cuando lo hacen rara vez pueden aspirar a superar la fase de grupos. Además ya ni si quiera hay un Arsenal con el que meternos.
zzzzzzzzzzzzzzzzzz

Porque esa es otra: la fase de grupos de la Champions es monotonía pura. Este año hubo un par de sorpresas con las caídas de Nápoles a manos del Shakhtar y del Atlético ante Chelsea y Roma. Ha sido lo único reseñable, aunque tampoco hablamos de épicas improbables. Esta temporada lo peor es que ni las eliminatorias están ofreciendo algo reseñable: el PSG se vio superadísimo por el Madrid, mientras el Besiktas poco pudo hacer ante el rodillo del Bayern. Liverpool y Manchester City también aplastaron, mientras la Juve hizo valer su experiencia ante un Tottenham que no llegó a plasmar en el marcador su gran superioridad. Al menos el Sevilla tumbó a un Manchester United al que le está recuperando recuperar la jerarquía de los tiempos de Ferguson.

Respecto a los cuartos de final, tras la ida parece imposible que Barcelona y Real Madrid no avancen. El Sevilla necesita una gesta enorme en casa del Bayern, que se llevó la victoria de tierras hispalenses. Por último al Manchester City le toca levantar un 3-0 ante el Liverpool de Klopp, un técnico que suele mojarle la oreja a Guardiola, que ayer perdió 2-3 el derby de Manchester ante el United de Mourinho.

Sin Ligas y a la espera de lo que puedan deparar las semifinales de Champions, aquí un servidor desea con todas sus ganas que finalice el curso europeo más aburrido que recuerda. Y doloroso, que mi Málaga va a sufrir otro descenso. Ya queda menos para el Mundial.

Descensos y ascensos belgas en Marzo


El enrevesado sistema de liga belga hace que desde este pasado fin de semana haya dos equipos que han terminado su participación durante este curso, uno descendiendo a Segunda y el otro ascendiendo a Primera, y ambos con finales dramáticos.

En la Belgian First Division A (Primera División) se disputo la última jornada de la fase de regular antes del inicio de los play-off que decidía que equipo descendía a la Segunda División belga conocida como la Belgian First Division B, solo desciende el último equipo clasificado. A esa última jornada llegaban empatados a puntos el histórico Malinas (KV Mechelen), campeón de la Recopa de 1988, que es el último titulo europeo conquistado por un club belga, y el KAS Eupen un club con menos historia pero que es propiedad de la Academia Aspire y es entrenado por Claude Makelele. El Malinas iba por delante en la clasificación por la mínima ventaja de un gol en la diferencia de goles general, pero como el Eupen había marcado más goles, para salvarse debía por lo menos igualar el resultado del Eupen.

Los dos jugaban como locales, el Malinas recibía al Waasland-Beveren y el Eupen al Mouscron, ninguno de los rivales se jugaba nada y bien que se noto. Al descanso los dos partidos iban 0-0, pero muy pronto en la segunda parte el Malinas se puso con 2-0 en ventaja, lo que obligaba al Eupen a ganar por 3 goles. Hasta el minuto 73 no logró el Eupen su primer tanto, pero a partir de allí los goles empezaron a caer como churros. Al final fue un 4-0 gracias al hat-trick del japonés Toyokawa y el tanto del veteranísimo delantero español Luis García. Mientras con los goles del Eupen el drama llegaba al abarrotado AFAS-stadion Achter de Kazerne donde el Malinas fue incapaz de marcar más goles a pesar de disponer de ocasiones clarísimas para hacerlo.

El descenso es un palo muy duro para el Malinas que había conseguido consolidarse estos años como un equipo de mitad tabla desde su último ascenso en 2007. Antes había pasado por graves problemas económicos que le llevaron en 2003 a no recibir su licencia para el futbol profesional y ser descendido a la tercera categoría.

Y si este fin de semana un histórico dejaba la Primera División belga, otro regresaba. El Círculo de Brujas se imponía de manera agónica al Beerschot Wilrijk en la final del play-off de promoción. En la Segunda belga solo hay ocho equipos, y la temporada se divide en dos partes, en cada una de ellas se disputa una doble vuelta y el que queda primero de cada fase se clasifica para el play-off por el ascenso. El Beerschot Wilrijk fue el mejor en la primera fase de la temporada y el Círculo de Brujas en la segunda. En el partido de ida disputado en Amberes se impuso el Beerschot Wilrijk por 1-0, pero en la vuelta en el Jan Breydel Stadium, el Círculo logró dar la vuelta a la eliminatoria con un gol de penalti del francés Cardona en el minuto 90 venciendo por 3-1.

El Circulo de Brujas es propiedad del millonario ruso Dimitry Rybolovlev que también es dueño del Mónaco, por eso hay hasta siete jugadores del equipo monegasco cedidos en el club belga. La próxima temporada volverá el derbi de Brujas que no se disputa desde 2015 cuando descendió el Círculo.

Para el Beerschot Wilrijk es la primera decepción desde que el club se fundara tras la bancarrota del Germinal Beerschot y su fusión el modesto Wilrijk. Llevaba cuatro ascensos consecutivos, y solo ese gol en el último minuto evitó el quinto ascenso y la entrada en la Primera División.

La próxima temporada en la First Division B se presenta muy interesante con equipos como el Malinas, Beerschot Wilrijk, el OH Leuven (propiedad del dueño del Leicester) o el histórico Lierse. Todos peleando por la única plaza de ascenso, play-off mediante.



Disfrutar el momento


Los enormes abismos económicos que se han abierto entre Europa (y China y poco más) con el resto del mundo futbolístico llevan al aficionado a ser cada día más consciente que salvo milagro la estrella de turno acabará marchándose mucho antes de lo que ellos desearían. Más allá de un deporte, para el hincha el fútbol es todo un sentimiento de identificación hacia un colectivo que conlleva intrínsecos el orgullo de la pertenencia a un lugar, unos colores, historia y valores.

Lo cierto, en cambio, es que por más que uno ame a su club, uno o dos años en una de esas apetecibles ligas puede cambiar la vida de estos deportistas. A veces, tendemos a olvidar que son personas, con sus problemas y vicisitudes, quedándonos con la frivolidad de una minoría de millonarios que nos muestra la ex prensa deportiva (ahora rosa y estúpida en su mayoría con la excusa del deporte), pero que no refleja la realidad de los miles de futbolistas que persiguen sus sueños.

En esa tesitura se encuentran casi todos los seguidores, quizá con la excepción de aquellos que tienen en sus corazones a la pequeña super élite que componen Real Madrid, Barcelona, PSG, Manchester City, Bayern Múnich y prácticamente pare de contar. Incluso a veces hay excepciones, como el traspaso de Neymar a la entidad parisina. El resto sabemos que tarde o temprano aquellos a quienes apoyamos hoy vestirán otra camiseta en unos meses, con fortuna quizá aguanten otro año.

En ellas se encuentra la que quizá es la figura emergente del fútbol sudamericano. Aquel que más está llamando la atención con sus grandes actuaciones es el argentino Lautaro Martínez, delantero de Racing Club de Avellaneda. Su talento es indiscutible, sus goles cada vez de mayor peso. Quizá su exhibición de mayor relevancia se produjo anoche, cuando la Academia se impuso 4-2 a Cruzeiro en la primera jornada de la Copa Libertadores. Lautaro, ávido de gloria a sus 20 años, tiene por delante una carrera más que prometedora.

De él se decía que lo quería el Atlético, si bien parece que el Inter de Milán tiene su fichaje bastante avanzado, probablemente con la influencia para el mismo del ídolo tanto de nerazzurri como de académicos así como del propio jugador, convertido Diego Milito en Director Deportivo de Racing Club tras las recientes elecciones en la institución de Avellaneda.


Así pues, a los hinchas de Racing solo nos queda disfrutar de él al máximo durante los próximos meses, ya que lo más seguro es que acabe saliendo hacia Europa tras el Mundial de Rusia, para el cual suena fuerte para la terna de 23 que llevaría Sampaoli. Todo ello salvo que la Academia llegue muy lejos en la Libertadores, abriéndose la opción de continuar hasta el final de la misma, tónica habitual en estos traspasos. Eso sí, como antes hiciera el Príncipe Milito, o Lisandro López o tantos otros, si Lautaro acaba marchándose también sabemos que un día regresará. Ahora solo queda disfrutar el momento.

Un día azul

Emelec es campeón del fútbol ecuatoriano

1.507 kilometros separan a Guayaquil de Bogotá, hoy e históricamente las capitales futbolísticas de sus respectivos países, aunque la gloria internacional les sea todavía esquiva. Ayer ambas ciudades volvieron a festejar por dos de sus equipos más representativos, con pocas horas de diferencia y el azul como nexo para dos hinchadas espectaculares.

En la mañana ecuatoriana el Estadio Jocay ubicado en Manta albergaba el encuentro de vuelta de la final entre Delfín, debutante en estas lides, y Club Sport Emelec, uno de los clubes más importantes del país. Con el colchón del 4-2 obtenido en el George Capwell, los emelecistas hicieron valer su mayor grado de experiencia para proclamarse campeones por 14ª vez en su historia (tan solo una menos que Barcelona SC) al imponerse 0-2, dejando al cuadro cetáceo con la miel en los labios. 

De este modo Emelec logra su cuarto título en los últimos cinco años, restableciendo su hegemonía a nivel nacional, si bien deben dar un salto en la Copa Libertadores, su gran asignatura pendiente y en la que varios compatriotas han mostrado su calidad en los últimos años, ya fuera Liga de Quito alzando el título, Independiente del Valle alcanzando la final en 2016 o el gran curso de Barcelona, eliminado en semifinales de la última edición contra el posterior campeón Grêmio.

Por su parte Colombia definía su campeonato con una final a la que llegaron los dos grandes de Bogotá. No era inesperada la presencia de ninguno de ellos, si bien los favoritos eran Júnior y Atlético Nacional, eliminados ambos en cuartos de final.

En un clásico no se regala ni un centímetro
Desde finales de los años sesenta en que el país cafetero comenzó a definir su campeonato en diferentes formatos que implicaban una postemporada (triangulares, hexagonales, eliminatorias) nunca se habían enfrentado en la final, ni si quiera en la Copa Colombia. Era por tanto una cita muy especial para ambos, con su añeja rivalidad una vez más batiéndose por dominar Bogotá y Colombia.

Si bien la cita de la ida se decantó del lado Embajador por un escueto 1-0, la vuelta se disputaría en un Campín hasta la bandera donde pese a ser el hogar de ambos Santa Fe se ha hecho muy fuerte los últimos años. De hecho al descanso ya habían igualado el global gracias a un penalti transformado por Morelo a los 18' de juego, gozando incluso de alguna ocasión para aumentar el marcador. 

Sin embargo Millos no quería dejar escapar la oportunidad de lograr su segundo título en lo que va de siglo tras el obtenido en 2012. Por aquel entonces el cuadro azul rompía una sequía de 24 largos años, así que sabedores de la dificultad que entrañan estas ocasiones ante la gran competitividad de sus adversarios históricos, salieron a darlo todo tras el paso por vestuarios. Así, un gran testarazo de Cadavid ponía el 1-1 en el marcador a los 55 de partido.

A Santa Fe le pesaba la angustia de los minutos, volcándose cada vez más, siendo todo lo directo que podía en busca del tanto salvador, que llegaría al habilitar Pedraza nuevamente a Morelo, cuya gran definición valió el 2-1 en el 83', igualando otra vez el global. Pero aún restaba una bala en el cargador millonario, con balón largo que cayó con fortuna en el lugar idóneo donde Henry Rojas golpeó de volea para lograr un magnífico tanto que significaba la 15ª estrella para Millonarios de Bogotá.