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Mis diez momentos de esta década

Es curioso como cuando se puso sobre el tapete la idea de este post coral comenzaron a brotar recuerdos sin cesar y cómo, ha medida que iba "seleccionando" qué diez momentos debían ser los seleccionados, comenzaba a recordar de manera exhaustiva la situación en la que se vivieron esos momentos. Especialmente con qué personas fueron vividos y qué emociones despertaron.

Como pueden suponerse,  la mayoría están impregnados de alegría. Seguro que alguno de los lectores más fieles del Café, si es que siguen por ahí, pueden incluso recordar de quien hablo y de que momento pues muchos de ellos quedaron reflejados en este rincón de internet. Muchos otros no, pero creo que llega la hora de dejarnos de adornos e introducciones. Les invito a acompañarme por diez de los momentos claves del fútbol a mis ojos durante la última década. Seguro que con alguno se sienten identificados o representados. Quién sabe si hasta emocionados.

 1.- La tanda de penaltis España vs. Italia en la Eurocopa 2008 

Creo que cualquier aficionado/a al fútbol de nuestro país mayor de los diez/doce años pondría este momento en su top diez de momentos futboleros, independientemente de su credo futbolístico y/o de lo intensidad y frecuencia con que este se manifieste. El sueño de una tarde noche de verano con un grupo de doce amigos en casa de otro porque no estaban sus padres, porque ninguno estábamos aún independizados. Los nervios de los más futboleros en la sala. Aquel día descubrí que prefería vivir los partidos concentrado analizando lo que pasaba. Como paladeando actuaciones como la que había vivido del inolvidable Marcos Senna. El convencimiento de que Iker, entonces nuestro Iker, pararía al menos uno a los italianos. Ver como eso pasaba. Y ver a Cesc enfilar hacia Buffon. Y el gol. El grito de un país. Los abrazos. Mis gafas rotas entre la efusividad. El fin de los sudores.

España ya había llegado.

 2.- Mi retirada del "fútbol activo" 

Sí, tuvieron agallas de mantearme el día de mi retirada.
 En alguna ocasión ya había anunciado muy discretamente que el final de mi carrera estaba cada vez más cercano, pronunciando frases como que "ya había jugado mis diez mejores partidos". Incluso aquí en el Café en algún post perdido que dediqué a un gol con dedicatoria especial. Pero a principio de temporada se lo comuniqué a mis compañeros, a mis amigos. Porque yo siempre fui de esos que son o el peor jugador o el segundo peor jugador de esos equipos en los que ha jugado. Nunca tuve técnica. Ni resistencia física. Y conceptos tácticos los justos. Solo pundonor. Y al pundonor se le acabó sumando una lesión crónica en los dos tendones de Aquiles. Y Aquiles, junto a una cojera incipiente tras cada partido, trajo consigo la llave de la puerta de la retirada. Curiosamente, caprichos del destino, pude retirarme marcando un gol. Lo cual era noticiable siempre que ocurría porque nunca pase de siete u ocho goles en una temporada pese a tratarse de fútbol sala. El partido enfilaba su recta final y entre otro compañero, Jaime y yo, lanzamos un contraataque conmigo abierto a la derecha, Jaime en la sala de máquinas y el compañero, creo que Paco, en la izquierda.

Jaime (que es un tipo que siempre está presente en las cosas importantes de mi vida y al que quiero como a un hermano) me habilitó y pese a amagar con centrar al tercer hombre abrí el pie para buscar el engaño al portero golpeando con el interior al palo corto. Y resultó, que fue gol. Y con perdón.por la chulería, pero fue la ostia de emocionante saber que sería ese y no otro. 




3.- Una victoria por 1-0 en el descuento en un partido de juveniles.. 

 La expresión "abrazo de gol" siempre me resultó una cursilada solo al alcance de los líricos más extremos de este deporte. Evidentemente yo había dado y recibido muchos abrazos de gol a lo largo de mi carrera. Pero el 21 de Diciembre de 2014 me saltaron todos prejuicios respecto a esa expresión. Yo apenas llevaba una temporada y media ejerciendo como psicólogo, y aquel partido tenía un aroma especial, pues nos jugábamos finalizar en posiciones de ascenso antes del parón navideño.

El encuentro se jugó de poder a poder, y se mantuvo sin goles hasta el minuto 89. Hasta que un gran delantero llamado Carlos Forcano recibió un balón a la espalda del central en el pico izquierdo del área, y pese a ser su pierna menos buena, decidió rematar a bote pronto, incrustando el balón en las mallas tras pasar justo entre la escuadra y los guantes del portero. La siguiente carrera al córner, el abrazo, los empujones, los "vamos!" de un grupo de jugadores juveniles bañados en sueños de fútbol. El primer abrazo de gol con ese escudo.

 4.- El "Three Sided Football" en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas (Madrid) 

 Una de las cosas que trajo Cafe Fútbol a mi vida fue conocer a un puñado de gente increible en el mejor de los sentidos, tanto por sus vastos conocimientos de balompie como por su gran calidad humana. Otra, abrir puertas que de otra manera creo no hubiera podido traspasar de no ser por mi "fichaje". Tradiciones como "Las tagliatelladas", o presentaciones de libros con sus consiguientes corrillos futboleros, entrevistas a profesionales con un pedacito de la historia del fútbol en sus bolsillos, incluso actos publicitarios con mínimas dosis de famoseo y photocall que con un balón de telón de fondo nos garantizan buenos momentos futboleros pese a ir en vaqueros. Y este día, se juntaron un poco de todas ellas, de ahi su elección.

 No recuerdo bien como recibí la invitación. Supongo que partió del imprescindible Galder Reguera de la Fundación Athletic Club, un tipo de esos que menciono que Café Fútbol puso en mi vida. La cuestión fue que sin comerlo ni beberlo me encontré jugando un partido de fútbol "Three sided", una maravillosa locura en la que coincidi tanto con profesionales de la comunicación más o menos populares como con una serie de personas, en su mayoría también procedentes del mundo de los blogs de fútbol. Toda una experiencia que, para colmo, trajo consigo una de las entradas más visitadas de la historia de Café Fútbol, en gran parte sin duda gracias a ser enlazada por el imprescindible Sid Lowe desde un artículo publicado en la web de Sports Illustrated.

 5.- El gol de Hugo que valió un ascenso.

Uno de los grandes hitos de la historia reciente del club en el que ejerzo como psicólogo deportivo tuvo lugar hace un par de primaveras. Eran los inicios del mes de Junio de 2015 y el segundo equipo del club, el Aficionado B, tenía su particular cita con la historia del club al jugarse en la última jornada el ascenso a Preferente por primera vez en su historia. Y no, no es una de esas historias en las que uno es parte, porque mi participación en aquel equipo fue poco más que de refilón, con algún tipo de asesoramiento muy puntual y poco más. Mi participación fue inversamente proporcional a la alegría, al cansancio con el que llegué a presenciar el partido (la noche anterior había estado en la boda de un buen amigo en Extremadura, y apenas había dormido una hora y media) ... y a la intensidad del grito con el que celebré el gol de Hugo en el minuto 93. Una de las mejores generaciones que ha parido nuestro club comenzaba a hacerse un nombre. Y el resto de la historia se sigue escribiendo a día de hoy.

 6.- La Final de Copa del Rey RM vs FCB del año 2011 

 Precisamente estos días se cumplen seis años de la celebración de esta final. Primer enfrentamiento directo por un título entre el Madrid de Mourinho y el Barcelona de Guardiola. Habrá quien diga que mi siguiente oración es una machada de las grandes, pero para mi son dos de los mejores equipos que han visto estos ojos. Sin dolerme prendas en señalar que en este caso, evidentemente al menos para mí, son incomparables entre ambos tanto a nivel histórico como futbolístico tanto por títulos como por el nivel de ejecución del juego alcanzado por unos y por otros, cayendo la balanza del lado de los de Guardiola.


 Pero aquella final resultó en algo mucho mayor que un choque de estilos, de escuelas, de jugadores. Aquella final resultó en un espectáculo futbolístico al alcance de muy pocos encuentros deportivos. Personalmente situo este partido a la altura de la mejor Super Bowl que se pueda disputar, o del Ali vs. Foreman del "Rumble in the Jungle", o del Nadal vs. Federer sobre la hierba de Wimbledon. Dos equipos que salieron convencidos no solo de su argumentario sino de su credo, en un estado de forma difícilmente mejorable tanto a nivel individual como colectivo, y dos entrenadores, para mi, en el apogeo de su carrera. Una joya que me encanta revisar cada x tiempo, lo confieso.

 7.- La tanda de penaltis (junto a Ramón Flores) en el Bernabéu. Real Madrid vs. Bayern Munich del año 2012. 

 Hay ocasiones en que el fútbol parece mirarte a los ojos. Recuerdo que el día anterior había publlicado una entrada titulada "El miedo" respecto a la emoción que había brotado en mí al ver unas imágenes de televisión en que dos hinchadas se enfrentaban violentamente. Ese miércoles amanecía con la vuelta del enfrentamiento Bayern Munich - Real Madrid de semifinales de Copa de Europa que yo planeaba ver tranquilo en casa cuando un mensaje sacudió mi teléfono. De golpe y porrazo me vi hablando en inglés por teléfono respecto a las estadísticas de nuestro blog. Y lo siguiente fue recibir una invitación de una marca de cervezas para "cenar" (a las siete de la tarde, pero cenar) en una mítica cerveceria de Madrid junto a Ramón Flores de Diarios de Fútbol y posteriormente asistir a ese partido en el Bernabéu.

Recuerdo la amena charla con el resto de invitados (en inglés, tan solo Ramón y yo eramos hispanoparlantes) y el estupor en nuestras caras al ver la ubicación -y el precio para qué negarlo- de las entradas. Entradas que mi sentido común me hubiera impedido comprar. Recuerdo el arreón inicial de un Madrid que con dos goles parecía estár más cerca de esa ansiada décima que nunca. Recuerdo un estadio enfervorecido con su equipo. Recuerdo ver a Cristiano Ronaldo galopando a escasos metros de mi, y pensar que viniendo de asaltar el Camp Nou el sábado anterior, empezabamos a estar ante un jugador clave para comprender la historia del Madrid.



Recuerdo especialmente la tanda de penaltis, la incredulidad al ver a Neuer parar sendos penaltis a Cristiano y Kaká. La ilusión con la parada de Casillas y el acierto de Alonso. O observar a mi alrededor tanta gente no queriendo mirar cuando Ramos se acercaba al punto de lanzamiento.

 Y de vuelta a casa, casi suplicando al autobús de una peña que me acercara a mi ciudad de residencia pese a no ser socio -porque ya no había autobuses de línea- volver con una sonrisa inmensa pese a la derrota. Por sentir que había presenciado un trozo de la historia de este deporte en primera línea.

 8.- El "no gol" de Sergio Ramos al Atlético (Final de UCL 2014) 

 El alcanzar el estatus de padre en la vida trae consigo un buen puñado de cambios a todos los niveles. Y uno de los más curiosos que he vivido en primera persona es el de aprender a celebrar los goles en silencio. Donde antes uno gritaba ese grito tan seco como breve y sentido, un día (precisamente en un partido descrito más arriba) comprobé como era capaz de celebrar los goles sin elevar la voz, por motivos obvios. Pero este momento no va de eso. Este momento va de cómo uno a veces puede perderse uno de los momentos claves desde la perspectiva histórica y que lo sepa incluso antes de que ocurra.

Ocurrió que la mañana de la Final de la Champions League de 2014 entre Real Madrid y Atlético, mi hija Julia amaneció con la boca plagada de llaguitas que le provocaban un malestar importante, especialmente a la hora de comer. Cuando llegó el descanso del partido, ella (que entonces contaba con cuatro añitos) enfilaba la cama para dormir, con su padre meditando sobre cuanto había acaecido sobre el césped del Estadio Da Luz, que si el gol de Godín, que si dónde va ese portero porelamordeDiosquedesastre , que si el error de alinear a Diego Costa no le podría acabar costando carísimo al equipo colchonero.

La pequeña se durmió pronto. Pero la segunda mitad del partido la vi alterna con breves visitas a su cama, donde la pobre se despertaba a cada movimiento que le provocaba que la lengua le rozara con alguna de las heridas. Ocurrió que el partido iba descontando minutos, y que se cumplió el noventa. Y empezó el descuento. Y un córner a favor del Madrid coincidió con la enésima llamada de llanto por el dolor con las heridas. Recuerdo ver al genio Luka Modric encaminarse hacia el córner (no el célebre, sino uno que hubo en la jugada inmediatamente anterior) mientras yo me levantaba del sofá. Y pensar que, fijo, seguro, absolutamente seguro, el Madrid empataría ese partido.



Al volver del cuarto vi el marcador de empate a uno. Y era tal la seguridad que tenía previa al gol que ni me inmuté más allá de la mera sonrisa complice con el futbol.

 Ella no volvió a quejarse ni despertarse en toda la noche.
 El gol de Bale también lo celebré en silencio.

 9.- España es campeón del mundo. 

 No voy al gol de Iniesta. No voy a cómo viví el desarrollo del mundial convencidísimo de nuestra cita con el destino porque eso ya lo escribí en este mismo blog. No voy a otro instante más que cuando el árbitro pitó el final. Los tres toques de silbato. Voy a ese momento en que enmudecí al saber que mi país era campeón del mundo.
Y qué menudo campeón del mundo tan grande un equipo lleno de tantos bajitos que no regateaban, yo que de pequeño siempre tuve complejo de bajito y de no saber regatear.

 En silencio. Llorar de alegría, con las manos sobre el rostro y pensar "Joder. Que somos campeones del mundo. Que es de verdad".

 10.- Lo mejor es lo que queda por venir. 

 Como les dije unas lineas más arriba, la historia sigue escribiéndose. Y hasta aquí puedo leer.

 Gracias por su compañía en estos diez años de Café Fútbol, aunque tenga mi taburete abandonado por falta de tiempo. Y gracias a Domingo, Martín, Chimo y todos los compañeros por "traerme" hasta aquí a conocerles, sobre todo a ellos.

¿Os gusta el fútbol?


Cada día me cuesta más encontrar a gente capaz de responder del modo que espero a la pregunta que da nombre a este artículo, ya que todos dicen que sí, escondiendo muchos una realidad que no sé porqué les averguenza si luego se pasan todo el día bramando. Y no porque pretendan decir que no, sino porque utilizan el deporte como arma arrojadiza, como lugar común sobre el que volcar y exponer sus frustraciones. Les encanta un gol de su equipo, sobre todo si es de su estrella, pero no dudarán en exponer sus fobias ante todo aquello que haga el rival, aunque lo repliquen los que visten sus colores. Se llama cinismo, y vale para una celebración, un gesto, un error arbitral o cualquier porquería que se les pase por su enferma cabeza.

¿Por qué ven los partidos? Más importante aún, ¿por qué jugaban de pequeños? No creo que fuera para pelearse con los compañeros de clase o los amigos del barrio. Pues ahora parece todo lo contrario: miran pero no ven, solo esperan al gol de su equipo para berrear como locos, ponerle un whatsapp a algún conocido de su clásico adversario o gritarle alguna soez al vecino. ¿Y si juega el rival? Lo mismo, aunque esperando que sea su contrario de turno no ya el que le gane, sino el que le cree problemas para luego manchar con polémica, el que le lesione a algún jugador, el que provoque la sanción de su estrella. ¡Qué más dará la modificación táctica con la que ahogaron la salida del rival si xxxxxxxxxxx miró mal a la grada! ¡A quién le importa el equilibrio que aportan los centrocampistas del equipo xxxxxxxx si el jugador xxxxxx fingió un penalti que concedió el árbitro! ¡Quién se fija en la circulación de balón y las asociaciones por la banda derecha del productivo dúo que conforman xxxxxxx y xxxxxxx cuando lo importante es que xxxxxxxxx estaba enfadado en el banquillo! 

Cada día me quedan menos amigos y conocidos, ya sea en la vida real o en internet, con los que hablar sobre fútbol (el juego), por no estar dispuesto a meterme en la mierda en la que se empeñan en convertir a este maravilloso deporte. E incluyo a gente tan cercana como amigos de toda la vida o incluso familiares. Por supuesto no cuento con un periodismo que cada día hace menos periodismo y con menos respeto, salvo las honrosas excepciones que todos conocemos. Para ellos las conspiraciones y las peleas, que no cuenten conmigo.

*xxxxxxxx = Como algún estúpido sacaría punta si pusiera cualquier nombre al azar, lo dejo así.

Nos hacemos mayores: nuestro 10º aniversario

Hoy cumplimos diez años haciendo algo que pese a nuestras circunstancias adoramos: emplear el fútbol como excusa para charlar ente amigos de lo que nos apetece, siempre a nuestra manera, sin tiempos ni presiones, ya sea sobre la última Champions de Oceanía, el gran derby de la segunda de Argentina o el cuento de hadas de algún pequeño equipo transoceánico en la Coupe de France. Por ello cada uno de los cafeteros hemos escogido diez hechos o acontecimientos de los que personalmente nos han llamado la atención durante este periodo. Comenzamos con el creador de este lugar de reunión: 

1) Champions malaguista 
He presenciado en el estadio de La Rosaleda partidos de Tercera, Segunda B, Segunda, Primera, varios ascensos, algún triste descenso e incluso la aventura de la Intertoto que llevó al Málaga por primera vez a Europa disputando la UEFA. Como podréis imaginaros, el día que acudí a la previa, aquella tarde cálida de agosto ante Panathinaikos, todo me pareció un sueño. Todo aquel recorrido lo fue pese a los contratiempos en modo de inesperadas bajas veraniegas (Cazorla) o invernales (Monreal). El Málaga, mi Málaga, dejó su sello en Atenas, Bruselas, Milán, San Petersburgo, Oporto y Dortmund, fin de un periplo maravilloso de la forma más cruel e injusta. Por ello gracias eternas a Al Thani, a Pellegrini y a aquel grupo de jugadores, los Weligton, Isco, Santa Cruz, Eliseu, Toulalan, Willy Caballero o Demichelis que nos llevaron en volandas para vivir la grandeza que siempre anhelamos. Advierto que volveremos.

2) Iniestazo en Johannesburgo 
El balón superó a Stekelenburg a la par que como un rayo dejé atrás a mis amigos hasta llegar al centro de la plaza, saltar como un loco, abrazarme a un desconocido como si fuera la persona más importante del mundo para mí. Iniesta provocó una serie de temblores en todo el país cuando depositó el balón en las mallas holandesas para culminar el imposible en el que íntimamente siempre creímos, nuestro mayor anhelo, aquello que eliminaba décadas de frustraciones, de debates por el estilo, de penaltis de Eloy, goles de Michel Baggio, codazos de Tasotti, desagravios de Al Ghandour o incompetencia propia en el amplio abanico de desgracias patrias. Fiesta, gol máximo, redención absoluta. Lo que nunca, jamás, olvidaremos: España Campeona del Mundo.

3) El doblete de Milito en el Bernabéu 
Ser del Inter no es nada sencillo. El rival ciudadano ha ganado más Champions que tú, el gran adversario nacional lleva años ganando casi todo en casa. Mientras tú has tenido que soportar los éxitos ajenos con algún triunfazo (todo sea dicho) esporádico, trufado de afrentas inolvidables como el no-penalti a Ronaldo Nazario en Turín en 1998 o la derrota en el Olímpico de Roma en 2002. Esas derrotas difícilmente cicatrizarán, pero a mediados de la pasada década el destino nos comenzó a sonreír. El Calciopoli dejó al Inter en una excelente situación para tomar el mando de la Serie A los siguientes cursos, cosa que hizo durante un quinquenio con mano de hierro. El descenso de la Juventus y el mal momento del Milan endulzaron todo aquello, si bien fue Mourinho el que devolvió el orgullo a las filas nerazzurri. Primero, a través de la confianza que dio apear al Chelsea en Stamford Bridge en octavos de Champions. Posteriormente sobreviviendo al asedio del Camp Nou para regresar a la primera final en casi cuarenta años. Con lo que había vivido el Inter hasta entonces, enfrentarse al Bayern de van Gaal sería el menor de sus problemas. Un príncipe, como en los buenos cuentos, selló el triunfo del amor interista con dos goles para redimir más de cuatro décadas de espera. La Grande Inter resucitó con Diego Milito, Julio César, Maicon, Materazzi, Stankovic, Cambiasso, Samuel Eto'o o Javier Zanetti. Grazie ragazzi

El Príncipe
4) José Mourinho vs Josep Guardiola 
El gran duelo de técnicos de nuestra época. Los hay y ha habido fenomenales estos años como Ancelotti, Klopp, Conte, Simeone o Allegri, pero nadie que elevase el juego a un nivel tan superlativo en dos de los clubes más grandes del mundo, convirtiendo cada duelo en un choque para la historia. Actuaciones memorables, magistrales demostraciones tácticas, dos bloques por momentos inabordables, extremadamente poderosos, si bien la mejor versión culé fue más duradera y ganadora que la merengue. Desde entonces un enfrentamiento en la Supercopa de Europa hasta el reencuentro en la Premier, donde por ahora el irregular presente de los dos poderosos clubes mancunianos ha restado vigencia y morbo a sus envites. Aquello que vivimos a principios de esta década difícilmente será repetible.

5) El Sabio de Hortaleza nos enseñó a ganar
Supo a gloria aunque costó lo suyo. Primero, extirpar el debate del "7 de España" auspiciado por la nociva prensa nacional. De aquella debacle en Belfast de aprendió sobre lo que se podía aprovechar, y sobre lo que debía desecharse. Un gran triunfo en Dinamarca y otro en el Bernabéu ante Suecia nos llevaron a una Euro cuyo billete nos estaba saliendo más caro de lo habitual. Ahí la primera fase fue más plácida de lo esperado: goleamos a Rusia, vencimos in extremis a Suecia y nos impusimos con la segunda unidad (Xabi Alonso, De la Red, Marchena, Güiza, etc) a Grecia, en una remontada a la que tuve la fortuna de estar presente. Los cuartos nos pusieron a Italia delante, clásica bestia negra, coloso acostumbrado a pelear y ganar mucho más que nosotros. Sin embargo esta generación supo competir, hizo gala de su poderío mental y técnico, haciendo caso a Luis Aragonés, que les convenció de su maravillosa capacidad. Superiores durante 120 minutos, los penaltis nos permitieron romper la barrera invisible que nos permitía entrar entre los mejores. Rusia asustó en semifinales, si bien una segunda parte deliciosa permitió un pase tranquilo. Ya en la final, Fernando Torres superó a Lahm y a Lehmann para sellar un triunfo irrepetible que supo a primera vez (aunque realmente fuera la segunda, pues se había ganado en 1964). 

6) Brasil 1 Alemania 7 
Cualquier semblanza entre el Brasil actual y el de 2014 se debe casi exclusivamente al color de sus camisetas. Poco más pese a que algunos componentes son los mismos. El de Tite es un cuadro sólido, que juega bien, resolutivo, seguro. Aquel era un conjunto atenazado por la responsabilidad, cuyo centro de la zaga (David Luiz-Dante) era aterrador, con un buen 9 al que nada le salió (y que dejaba que desear en comparación con otros que tuvieron ese peso) y una única estrella que ni si quiera pudo comparecer por una desafortunada lesión. En el Mineirao a Brasil se le vio temblorosa desde el himno, algo que atestiguaron todos cuando a los pocos minutos se adelantaron los teutones. Uno tras otro, en un escaso margen de tiempo cayeron hasta 5 tantos que sellaron el pase de unos y la vergüenza histórica de otros con una hora por disputarse aún. Fue el Maracanazo de nuestro tiempo.

7) La caída de los gigantes
Nunca sabes cómo te puede sorprender el fútbol, incluso respecto a la solidez de alguno de sus clásicos titanes. El Atlético de Madrid descendió no mucho después del doblete del 96, a la Juventus se la llevaron los tejemanejes de Moggi a la B e incluso clubes como AC Milan y Manchester United han jugado en la división de plata en los años 70. Estos últimos años dos de las entidades más poderosas de Argentina y Sudamérica, River e Independiente, descendieron a los infiernos para purgar una seguidilla de malos torneos cuyo promedio les condenó. Otrora soporte, la obligación atenazó a unos jugadores que cayeron al pozo para algarabía de sus eternos rivales, cuyas burlas siguen vigentes años después. Su posterior suerte ha sido dispar: mientras Independiente se desenvuelve en la mediocridad, River volvió a ganar tanto títulos locales como internacionales, sobre todo gracias a la maestría del Muñeco Gallardo. El último en caer ha sido Internacional de Porto Alegre, uno de los clubes brasileños de mayor lustre, el mismo que en 2006 derrotó al FC Barcelona en el Mundial de Clubes o que hasta hace nada siempre estaba a la vanguardia tanto en su país como en su continente. Al menos, este curso regresaron el América de Cali (4 veces subcampeón de la Libertadores) y el AEK Atenas. 

8) Islandia, Irak, Leicester City, Gales, Zambia, Tahití, Chapecoense, Albania... 
A veces llegar ya es ganar. Que se lo digan a Albania, Gales e Islandia, que compitieron con mucha honra en la pasada Eurocopa de Naciones, dos de ellas incluso amenazando con colarse en semifinales del torneo. A Irak le hemos visto romper los pronósticos llevándose la Copa de Asia, logrando Tahití tres cuartos de lo mismo en Oceanía. Zambia fue campeona de África por la memoria de aquellos compatriotas que se dejaron la vida en un accidente aéreo, idéntica desgracia que sufrió Chapecoense hace unos meses cuando se disponían a disputar su primera final continental. Aunque quizá lo más grande es lo que logró Claudio Ranieri con el Leicester City, un grupo de meritorios guiados por el corazón de Kante, las paradas de Schemeichel, los goles de Vardy y las perlas de Mahrez hasta conquistar la Premier. La imprevisibilidad del fútbol es uno de sus mejores tesoros, un elemento que lo convierte en irresistible. 

9) La esperanza 
Diarios de Fútbol, La Libreta (Miguel Gutiérrez), Martí Perarnau, Ecos del Balón, Fútbol Underground, Ramón Trecet, MarcadorInt con Axel Torres y Toni Padilla a la cabeza, Proyecto Panenka... Hay un puñado de periodistas deportivos maravillosos en este país que dignifican la profesión, gente con la que aprender y disfrutar desde el respeto y el análisis. Lo que el deporte debe ser. Por favor, no desistáis, representáis lo que muchos querríamos ser y lo único que vale la pena en un panorama tomando por los ultras de los grandes medios. 

10) Vivencias
Estos años de Café he vivido en los estadios tanto un ascenso del Málaga como su participación en Champions desde las gradas de La Rosaleda, visité varias veces San Siro (en 14 días acudiré a mi primer derby della Madonnina) y por fin crucé el charco para ver a Racing en directo. He estado en el Bernabéu, el Vicente Calderón, el Coloso rosarino, en Salzburgo viendo la Eurocopa o en el Monumental de Núñez, aunque me he quedado a las puertas de Wembley, el Allianz Arena, Ámsterdam Arena, Heysel o Da Luz. El fútbol como deporte, el sentido de pertenencia que implica, la fidelidad, la complicidad y especialmente el júbilo que de vez en cuando proporciona este inigualable deporte significa horas de debate, recuerdos, sonrisas y lágrimas que en el caso de muchos más de los que nos atrevemos a reconocer nos marca de un modo especial. Es por ello que quiero agradecer a todos los que estos años nos habéis apoyado, nos habéis enseñado y también aguantado. Habéis hecho que escribir cada artículo, debatir cada matiz, conoceros a algunos en persona, haya merecido supuesto un fantástico placer.

Uruguay 1 Brasil 4: Neymar baila y Paulinho ejecuta

Paulinho, vuelve a la élite y olvida la broma china, hombre.
Noche inolvidable e histórica la acontecida en el mítico estadio Centenario de Montevideo en otra edición de uno de los clásicos sudamericanos y mundiales más bonitos que ofrece el panorama balompédico. En un duelo que se presumía igualado, Uruguay no dejaba a su contrincante superar la media en el tramo inicial, apretándole cada vez más arriba. Fruto de ello un error de Marcelo propició un penalti sobre Cavani que el propio atacante transformó en el 1-0. Era su noveno gol en estas eliminatorias, todo un seguro de vida cara al arco.

Sin embargo Brasil no se achantó. Comenzó a crecer con el balón, asegurando la parcela central con su trío Renato Augusto-Casemiro-Paulinho. Éste último sorprendió con un espléndido latigazo que igualó la contienda aún en el 19' de juego. Desde ahí, alternativas con mayor dominio visitante, si bien en las áreas podía suceder cualquier cosa. Al descanso llegaron tranquilos, aún desconociendo lo que sucedería tras el paso por vestuarios.

Un zurdazo de Firmino desde la frontal obligó a Silva, cuyo rechace cayó a pies de Paulinho, que culminó la remontada llegando desde atrás. Era el tercer jugador en la historia que lograba un doblete en la casa charrúa en las eliminatorias sudamericanas. Palabras mayores. 

En un bloque tan serio como el que ha conformado Tite (8 victorias en otros tantos partidos, seis de ellos sin encajar gol), Coutinho y Neymar ponen la magia. El barcelonista, inspiradísimo, desparramó durante todo el segundo tiempo a sus marcadores por el añejo césped de la capital uruguaya, hasta culminar su obra con una preciosa vaselina que sentenciaba el encuentro.

Con el 1-3 la Celeste se lanzó con todo, gozando de llegadas sin demasiada claridad ni acierto en el remate. Brasil, cómoda, jugaba suelta, sin prisas, incluso buscando un nuevo tanto. Y llegó, otra vez obra del hombre tocado esta noche por una varita mágica: para culminar su machada, Paulinho firmó su hattrick con el pecho.

Brasil consolida su liderato, aventajando ya en 7 puntos al segundo (precisamente Uruguay) a falta de tan solo cinco jornadas de las cuales tres de esos encuentros los disputará en casa. Su presencia en Rusia 2018 está prácticamente asegurada, mientras los charúas y todos los demás aún deben luchar para obtener su boleto.

Cualquier tiempo pasado, ¿fue mejor?

El 'Tato' Abadía
Se hace bastante habitual últimamente evocar al fútbol del pasado con melancolía por lo que fue y tiene visos de no regresar jamás. El ya célebre lema de Against Modern Football (Contra el Fútbol Moderno) ha calado tanto en cierto espectro de la masa que sigue este deporte que pese a todo nos hace preguntarnos porqué siguen acudiendo a los estadios o simplemente siguiendo los partidos desde su casa si tan en contra están. Supongo que la respuesta está en la pasión.

Con todo, he abandonado el ostracismo de estos meses tan ocupados de mi vida personal ya que hoy me apetecía mucho comentar este tema. Además, por una vez gozo de algo de tiempo. Comienzo posicionándome: yo también echo mucho de menos el fútbol de antes. Es cierto que ahora tenemos la posibilidad de seguir cualquier partido del mundo sin necesidad de salir de casa, en directo, desde la comodidad de nuestro sofá. Ya no hay que esperar a que las noticias o el teletexto lo recojan, o a lo peor al periódico del día siguiente no ya para conocer el resultado de un Manchester United-Liverpool, sino incluso de un Real Oviedo-SD Compostela si no habías estado atento. Es cierto que también desde casa podemos comprar entradas para cualquier partido, así como conseguir el medio de transporte y 'merchandising' de cualquier equipo. Para mí, ahí se acabaron las ventajas, que no son pocas.

Creo que comparativamente el paso del tiempo ha empeorado la percepción del fútbol, e incluso quizá su calidad (aunque esto último es muy muy discutible). No hablo de pantalones cortos, camisetas con escudos cosidos, tipos calvos sin complejo o barbudos, todo ello es una cuestión estética, aunque sí reconozco que ello me gustaba más en la época pre-metrosexual. Me refiero principalmente a Prensa, horarios, precios de las entradas, las competiciones tanto europeas como de selecciones así como el creciente abismo económico entre clubes.

¿Os acordáis de los 90? Es de lo que hablaré principalmente, ya que aunque haya visto y leído mucho de otras décadas, al nacer en 1983 lógicamente no empecé a tomar cierta consciencia hasta unos años más tarde. Evoco a los últimos años del pasado siglo porque hasta mediados del mismo aún cabían esperar ciertas esperanzas: había nacido la Champions, pero solo iban los campeones nacionales. Había ganado la Premier el Blackburn Rovers, y no hace tanto el Leeds United de Eric Cantona. El Calcio era fortísimo y en la Liga podían golear el Racing al Barça u Osasuna al Madrid sin que por ello se criminalizase a nadie. Sin embargo, a mi lo que más me gustaba era poner la radio el domingo por la tarde a las 16h para escuchar la previa de los partidos, así como oír, disfrutar, aprender durante toda la tarde con los 6 o 7 encuentros que se disputaban simultaneamente en Primera División, sin contar los de Segunda. ¡Gol en Sarriá! ¡Penalti en La Condomina! ¡Empata el Albacete en el Carlos Belmonte! Todo ello podía haber acontecido con escasos segundos de diferencia, una locura maravillosa que apenas revivimos con cuentagotas en las dos últimas jornadas de cada campeonato.

La radio no solo ha perdido su magia con la disparidad de horarios. ¿Qué interesa a los chinos? Supuestamente la Premier League, que les interesa más, mantiene un grueso de partidos los sábados por la tarde, algo que para diferenciarnos aquí podríamos hacer el domingo como antaño en vez de fijar las fechas semanas antes (malo para la planificación de hinchadas visitantes) o modificarlas sin previo aviso, con el perjuicio que supone para aquellos que viajan un sábado a una ciudad distinta de la suya y ahora se plantean perder dinero, enfadar al jefe y/o a su familia, perderse el juego o todo ello junto gracias a la sensibilidad del señor Tebas, que jamás ha pedido perdón por todo ello. Pero estábamos con la radio, un lugar que abandoné hace aproximadamente una década cansado de escuchar milongas, ira y mentiras trasnochadas en los programas que antaño fueron referencia. Como el panorama no parece haber cambiado, sigo sin escucharla, algo que lamento profundamente pues me encantaba, y la disfruté muchísimo el tiempo que trabajé en ella en Madrid, aunque solo escuchaba mi programa, pequeño pero en el que se trataba al deporte, los clubes y los deportistas con 
un respeto cada día más perdido.
 
 
Tres cuartos de lo mismo sucede en la prensa escrita, ya sea en papel o digital, y en la televisión. No en todos los medios, pero sí en la mayoría de aquellos que tienen los altavoces más grandes, los generadores de corriente que antaño analizaban y opinaban desde la prudencia, sin faltar ni buscar polémica. Ahora aquellos que ya sabéis y que no nombraré para no manchar este lugar, disfrutan cual marranos en lo que han convertido en pocilga. Eso sí, si la gente no consumiera mierda no se ofertaría, por lo que también echo de menos cuando los aficionados, más o menos reflexivos o pasionales, no estaban manolizados.

Al hilo de los horarios mencionados antes, el precio de las entradas es un disparate cada vez mayor. ¿Por qué crecen? Porque lo hace el club, que tiene que costearse los gastos. ¡Pero si cada vez ingresan más de las televisiones y sus sponsors! Claro, y sus jugadores, cuyos sueldos cubren una grandísima parte del presupuesto, son los que más chupan. Así que ahora es, desgraciadamente, cada vez más habitual ver estadios con menos público ya que un lunes noche (día laborable), un viernes por la tarde o un sábado a las 13h no son precisamente las franjas horarias más apetecibles para desplazarte hasta el estadio, gastarte un buen dinero y con suerte no llevarte un disgusto con el resultado. Si a ello le sumamos que el descenso del poder adquisitivo medio se resintió con la crisis, se entiende menos el modelo. Eso sí, desde la Liga se pide que a poder ser los anillos inferiores estén ocupados (la famosa U televisiva) para que el estadio parezca que tiene buena afluencia, so pena de sanción para el equipo local. Décadas atrás, hubiera o no crisis, unos precios más coherentes y unos horarios decentes aseguraban una buena entrada independientemente del choque. Hoy vemos que en España no es así.

Para el final he dejado algo que me duele bastante también. Entiendo que las competiciones modernicen cambien sus formatos y reglamentos para hacerlas más atractivas, pero para mí esto que están haciendo está logrando un efecto adverso. Tomemos como referencia las competiciones europeas de clubes: en los años 90 la insistencia de un  grupo de empresarios encabezados por Silvio Berlusconi lleva a la UEFA a hacer de la Copa de Europa la Champions League. En principio se eliminaban los cuartos de final sustituyéndolos por una liguilla de dos grupos con cuatro equipos cada uno. Además, al torneo solo acudían los campeones vigentes de cada país, los cuales solo podían tener 4 extranjeros en su plantilla de los que no más de 3 podrían jugar juntos a la vez. La entrada primero de los subcampeones de liga (luego se amplió a terceros y/o cuartos según coeficiente UEFA) junto a la irrupción de la Ley Bosman fue haciendo del fútbol de alta alcurnia algo menos mágico y atractivo. Ya no volveríamos a ver a un equipo completamente (o tomando una mayoría como base) de nacionales o jugadores de una región llegando lejos, algo que acabaría desnaturalizándolos. No tengo absolutamente nada en contra de los jugadores que cambian de país o continente para ganarse la vida lo mejor posible, están en todo su derecho, traen otra cultura, otra forma de entender el juego, otros regates, goles, sonrisa y sentido colectivo y/o del esfuerzo. Sin embargo no poseen la misma esencia que aquel Celtic que en 1965 conquistase Lisboa con 11 chicos de Glasgow y alrededores, o el Real Madrid ye-ye que un año después, compuesto de un grupo de jugadores españoles (Amancio, el veterano Gento, Velázquez, Serena, etc) junto a alguna gloria como Puskás, derrotase a un Partizan de Belgrado magnífico en el que sobresalía Vasovic, a la postre pieza fundamental del Ajax que comenzó dominando los 70, le sustituyó el Bayern posteriormente y a este los ingleses. Con algún extanjero y una base nacional, aquellos equipos no eran las multinacionales de ahora, sin ir más lejos el irreconocible Granada (¿dónde quedó su identidad?) o casi cualquier otro equipo de las dos primeras categorías de cada liga europea. 
 
Perdida la esencia, se va con ella la identidad así como la identificación del público. A mi no me importa con qué 11 jugadores dispute mi equipo cada encuentro siempre que lo den todo sobre el césped, pero convendremos que será más bonito y nos sentiremos más representados (no sé si mejor) siendo gente más o menos de nuestra tierra, algo que tampoco asegura nada, pues aquí en Málaga se ha dejado los cuernos Weligton como ya quisiera cualquier chaval de la cantera, aunque creo que entenderéis a qué me refiero. ¿El último refugio? Las selecciones, no obstante lo son menos cada vez. No por no jugar la gente de cada país, que normalmente es así, más bien porque facilitando tanto el acceso a los grandes torneos estos dejan de ser tan especiales, tan importantes, dado que se rebaja el nivel no en pos de la democracia, más bien para hacer más dinero, como en todo. Ah, el dinero, ese vil maligno que ha obrado un abismo cada vez mayor entre unos pocos clubes de élite y el resto... Perdonad el desvarío. Sí, las selecciones nacionales. Me encantó disfrutar de Albania, Gales o Islandia en la pasada Eurocopa, así como ojalá vea un día a Uzbekistán batirse contra Brasil o Camerún en un Mundial. Para ellos es algo tremendo, casi inalcanzable de no ampliarse las plazas. Sin embargo lo que para  Rumanía podía ser un hito, pasa a ser prácticamente una obligación toda vez que los combinados de primer y segundo nivel logran la clasificación sin mucho problema (Holanda es caso aparte, digno de estudio). 

El Göteborg campeón de la UEFA 1987
¿De veras nos apasiona el enésimo Arsenal-Bayern de todos los años en el que la duda es por cuántos goles vencerán los bávaros al inocente conjunto de Wenger? ¿Por qué han restado todo el atractivo a las fases de grupos de Euros y Mundiales (éstos desde 2022) otorgando cupos que rebajan el nivel hasta casi el esperpento? ¿Podremos volver a ir al fútbol en horas normales sin costarnos un ojo de la cara para ver un encuentro de Primera División? ¿Volverá la Prensa a dedicarse al deporte en vez de a envilecerlo y servirse de peinados, Instagrams, encuestas malintencionadas y cuentas de Twitter?

Dado que la respuesta más probable es no, no me cabe duda que sacrificaría todos los beneficios y ventajas que nombré al inicio del post con tal de volver a lo de antes: futbolistas normales, debates sobre fútbol y no sobre gilipolleces, horarios coherentes, precios asequibles, una radio que solo hable de deporte, unos partidos verdaderamente especiales, un poco de naturalidad, la que tenía la inocencia de un tiempo cuyo último reducto probablemente se encuentre en las divisiones inferiores. Por suerte o por desgracia, ahí sí podemos disfrutar de un Logroñés-Racing.

Homenaje a Chapecoense

Festejando la clasificación para la final. Hace tan solo 5 días.

No sé porqué, pero la tragedia de Chapecoense me ha dejado mal todo el día. Ello no significa que no me importen otras desgracias que ocurren con mayor frecuencia de las que somos capaces de reconocer (y asimilar), pero esta me dolió mucho. De hecho, me siento fatal mientras escribo estas líneas, aunque bien como humilde homenaje, bien como desahogo propio, siento la necesidad de expresar lo que siento. Lo único que espero es no ser demasiado torpe con ello, así que allá vamos...

La primera vez que leí o escuché algo sobre el Chapecoense fue en 2013, creo que a través de Alberto Zaragoza (@Albertigues) y Rodrigo Lacal (@RodrigoLacal), colegas con los que comparto la pasión por el fútbol brasileño. Ellos son más conocedores que yo, por eso sabían de las peripecias de los clubes humildes que pueblan los múltiples estaduales que dan acceso a la Serie D. Así, cuando les leí que sería maravilloso que Chapecoense ascendiera fue el primer y único año que disputaron la categoría de plata, el mencionado 2013.

Nunca habían llegado tan alto. De hecho el club nace como una fusión de otras dos entidades menores de la ciudad a mediados de los 70. Durante las siguientes décadas sus mayores éxitos fueron tres campeonatos catarinenses, un clásico bastante modesto dentro del gigantesco mundo que supone el fútbol brasileño. Así, si hace apenas un lustro se estrenaban en la C, en tan solo una temporada alcanzarían la B, necesitando el mismo lapso para conseguir un sorprendente ascenso a la A donde se encontrarían con rivales míticos como Palmeiras, Santos, Flamengo, Grêmio, etcétera.

La gesta de por sí ya era memorable, algo que ni los más viejos del lugar olvidarían. Como era previsible la máxima categoría se les iba a hacer muy dura. Comenzaron mal, aunque poco a poco fueron tomando el pulso competitivo hasta llegar a final del curso con opciones de salvación. Tal fue la remontada que prácticamente a falta de dos jornadas para la conclusión del Brasileirao obtuvieron la salvación tras derrotar a mi Botafogo. Recuerdo mi estupefacción y sufrimiento ese día, ya que ni ante un equipo así fuimos capaces de dar la cara.

El premio llegó con la clasificación para la Copa Sudamericana del año siguiente. Superaron tanto a sus compatriotas del Ponte Preta como al histórico Libertad paraguayo. Después les apearía el poderoso River Plate (vigente campeón continental por entonces), a la postre semifinalista del torneo. Ese 2015 consiguieron salvarse de nuevo, esta vez con un poco más de margen, así como otra oportunidad para disputar una copa internacional.

Novenos en el Brasileirao 2016 que está a punto de concluir, de no haber perdido contra el campeón Palmeiras aún conservarían opciones de disputar la Copa Libertadores del año que viene. Sin embargo ninguna alegría era mayor que lo que les debía esperar al llegar a Colombia. En silencio, fueron superando etapas en la Copa Sudamericana hasta alcanzar una final a todas luces inesperada por la cual batieron por el camino a Cuiabá, Independiente de Avellaneda, Júnior de Barranquilla y San Lorenzo. 

La pasada noche 81 personas salieron desde Bolivia dirección Medellín, Colombia, adonde les esperaba Atlético Nacional para la ida de la final. Casi todas las personas que iban en el avión fallecieron, desde pilotos, azafatas, periodistas, directivos y deportistas, con tan solo 5 supervivientes, de los que ya ha perdido la vida también Danilo, uno de los porteros que aún respiraba cuando llegó al hospital. Muchas familias y amigos han quedado destrozados, ellos son los más afectados sin duda. Pero el efecto multiplicador y de llamada que tiene este deporte, su identificación social, ha hecho que los 210.000 habitantes de Chapecó, en Santa Catarina, se encuentren consternados en estos momentos en que los que portaban su ilusión por obtener su primer título grande se marchan para siempre al cielo como campeones de nuestros corazones. 

Forza, Chapecoense.