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Uruguay 1 Brasil 4: Neymar baila y Paulinho ejecuta

Paulinho, vuelve a la élite y olvida la broma china, hombre.
Noche inolvidable e histórica la acontecida en el mítico estadio Centenario de Montevideo en otra edición de uno de los clásicos sudamericanos y mundiales más bonitos que ofrece el panorama balompédico. En un duelo que se presumía igualado, Uruguay no dejaba a su contrincante superar la media en el tramo inicial, apretándole cada vez más arriba. Fruto de ello un error de Marcelo propició un penalti sobre Cavani que el propio atacante transformó en el 1-0. Era su noveno gol en estas eliminatorias, todo un seguro de vida cara al arco.

Sin embargo Brasil no se achantó. Comenzó a crecer con el balón, asegurando la parcela central con su trío Renato Augusto-Casemiro-Paulinho. Éste último sorprendió con un espléndido latigazo que igualó la contienda aún en el 19' de juego. Desde ahí, alternativas con mayor dominio visitante, si bien en las áreas podía suceder cualquier cosa. Al descanso llegaron tranquilos, aún desconociendo lo que sucedería tras el paso por vestuarios.

Un zurdazo de Firmino desde la frontal obligó a Silva, cuyo rechace cayó a pies de Paulinho, que culminó la remontada llegando desde atrás. Era el tercer jugador en la historia que lograba un doblete en la casa charrúa en las eliminatorias sudamericanas. Palabras mayores. 

En un bloque tan serio como el que ha conformado Tite (8 victorias en otros tantos partidos, seis de ellos sin encajar gol), Coutinho y Neymar ponen la magia. El barcelonista, inspiradísimo, desparramó durante todo el segundo tiempo a sus marcadores por el añejo césped de la capital uruguaya, hasta culminar su obra con una preciosa vaselina que sentenciaba el encuentro.

Con el 1-3 la Celeste se lanzó con todo, gozando de llegadas sin demasiada claridad ni acierto en el remate. Brasil, cómoda, jugaba suelta, sin prisas, incluso buscando un nuevo tanto. Y llegó, otra vez obra del hombre tocado esta noche por una varita mágica: para culminar su machada, Paulinho firmó su hattrick con el pecho.

Brasil consolida su liderato, aventajando ya en 7 puntos al segundo (precisamente Uruguay) a falta de tan solo cinco jornadas de las cuales tres de esos encuentros los disputará en casa. Su presencia en Rusia 2018 está prácticamente asegurada, mientras los charúas y todos los demás aún deben luchar para obtener su boleto.

Cualquier tiempo pasado, ¿fue mejor?

El 'Tato' Abadía
Se hace bastante habitual últimamente evocar al fútbol del pasado con melancolía por lo que fue y tiene visos de no regresar jamás. El ya célebre lema de Against Modern Football (Contra el Fútbol Moderno) ha calado tanto en cierto espectro de la masa que sigue este deporte que pese a todo nos hace preguntarnos porqué siguen acudiendo a los estadios o simplemente siguiendo los partidos desde su casa si tan en contra están. Supongo que la respuesta está en la pasión.

Con todo, he abandonado el ostracismo de estos meses tan ocupados de mi vida personal ya que hoy me apetecía mucho comentar este tema. Además, por una vez gozo de algo de tiempo. Comienzo posicionándome: yo también echo mucho de menos el fútbol de antes. Es cierto que ahora tenemos la posibilidad de seguir cualquier partido del mundo sin necesidad de salir de casa, en directo, desde la comodidad de nuestro sofá. Ya no hay que esperar a que las noticias o el teletexto lo recojan, o a lo peor al periódico del día siguiente no ya para conocer el resultado de un Manchester United-Liverpool, sino incluso de un Real Oviedo-SD Compostela si no habías estado atento. Es cierto que también desde casa podemos comprar entradas para cualquier partido, así como conseguir el medio de transporte y 'merchandising' de cualquier equipo. Para mí, ahí se acabaron las ventajas, que no son pocas.

Creo que comparativamente el paso del tiempo ha empeorado la percepción del fútbol, e incluso quizá su calidad (aunque esto último es muy muy discutible). No hablo de pantalones cortos, camisetas con escudos cosidos, tipos calvos sin complejo o barbudos, todo ello es una cuestión estética, aunque sí reconozco que ello me gustaba más en la época pre-metrosexual. Me refiero principalmente a Prensa, horarios, precios de las entradas, las competiciones tanto europeas como de selecciones así como el creciente abismo económico entre clubes.

¿Os acordáis de los 90? Es de lo que hablaré principalmente, ya que aunque haya visto y leído mucho de otras décadas, al nacer en 1983 lógicamente no empecé a tomar cierta consciencia hasta unos años más tarde. Evoco a los últimos años del pasado siglo porque hasta mediados del mismo aún cabían esperar ciertas esperanzas: había nacido la Champions, pero solo iban los campeones nacionales. Había ganado la Premier el Blackburn Rovers, y no hace tanto el Leeds United de Eric Cantona. El Calcio era fortísimo y en la Liga podían golear el Racing al Barça u Osasuna al Madrid sin que por ello se criminalizase a nadie. Sin embargo, a mi lo que más me gustaba era poner la radio el domingo por la tarde a las 16h para escuchar la previa de los partidos, así como oír, disfrutar, aprender durante toda la tarde con los 6 o 7 encuentros que se disputaban simultaneamente en Primera División, sin contar los de Segunda. ¡Gol en Sarriá! ¡Penalti en La Condomina! ¡Empata el Albacete en el Carlos Belmonte! Todo ello podía haber acontecido con escasos segundos de diferencia, una locura maravillosa que apenas revivimos con cuentagotas en las dos últimas jornadas de cada campeonato.

La radio no solo ha perdido su magia con la disparidad de horarios. ¿Qué interesa a los chinos? Supuestamente la Premier League, que les interesa más, mantiene un grueso de partidos los sábados por la tarde, algo que para diferenciarnos aquí podríamos hacer el domingo como antaño en vez de fijar las fechas semanas antes (malo para la planificación de hinchadas visitantes) o modificarlas sin previo aviso, con el perjuicio que supone para aquellos que viajan un sábado a una ciudad distinta de la suya y ahora se plantean perder dinero, enfadar al jefe y/o a su familia, perderse el juego o todo ello junto gracias a la sensibilidad del señor Tebas, que jamás ha pedido perdón por todo ello. Pero estábamos con la radio, un lugar que abandoné hace aproximadamente una década cansado de escuchar milongas, ira y mentiras trasnochadas en los programas que antaño fueron referencia. Como el panorama no parece haber cambiado, sigo sin escucharla, algo que lamento profundamente pues me encantaba, y la disfruté muchísimo el tiempo que trabajé en ella en Madrid, aunque solo escuchaba mi programa, pequeño pero en el que se trataba al deporte, los clubes y los deportistas con 
un respeto cada día más perdido.
 
 
Tres cuartos de lo mismo sucede en la prensa escrita, ya sea en papel o digital, y en la televisión. No en todos los medios, pero sí en la mayoría de aquellos que tienen los altavoces más grandes, los generadores de corriente que antaño analizaban y opinaban desde la prudencia, sin faltar ni buscar polémica. Ahora aquellos que ya sabéis y que no nombraré para no manchar este lugar, disfrutan cual marranos en lo que han convertido en pocilga. Eso sí, si la gente no consumiera mierda no se ofertaría, por lo que también echo de menos cuando los aficionados, más o menos reflexivos o pasionales, no estaban manolizados.

Al hilo de los horarios mencionados antes, el precio de las entradas es un disparate cada vez mayor. ¿Por qué crecen? Porque lo hace el club, que tiene que costearse los gastos. ¡Pero si cada vez ingresan más de las televisiones y sus sponsors! Claro, y sus jugadores, cuyos sueldos cubren una grandísima parte del presupuesto, son los que más chupan. Así que ahora es, desgraciadamente, cada vez más habitual ver estadios con menos público ya que un lunes noche (día laborable), un viernes por la tarde o un sábado a las 13h no son precisamente las franjas horarias más apetecibles para desplazarte hasta el estadio, gastarte un buen dinero y con suerte no llevarte un disgusto con el resultado. Si a ello le sumamos que el descenso del poder adquisitivo medio se resintió con la crisis, se entiende menos el modelo. Eso sí, desde la Liga se pide que a poder ser los anillos inferiores estén ocupados (la famosa U televisiva) para que el estadio parezca que tiene buena afluencia, so pena de sanción para el equipo local. Décadas atrás, hubiera o no crisis, unos precios más coherentes y unos horarios decentes aseguraban una buena entrada independientemente del choque. Hoy vemos que en España no es así.

Para el final he dejado algo que me duele bastante también. Entiendo que las competiciones modernicen cambien sus formatos y reglamentos para hacerlas más atractivas, pero para mí esto que están haciendo está logrando un efecto adverso. Tomemos como referencia las competiciones europeas de clubes: en los años 90 la insistencia de un  grupo de empresarios encabezados por Silvio Berlusconi lleva a la UEFA a hacer de la Copa de Europa la Champions League. En principio se eliminaban los cuartos de final sustituyéndolos por una liguilla de dos grupos con cuatro equipos cada uno. Además, al torneo solo acudían los campeones vigentes de cada país, los cuales solo podían tener 4 extranjeros en su plantilla de los que no más de 3 podrían jugar juntos a la vez. La entrada primero de los subcampeones de liga (luego se amplió a terceros y/o cuartos según coeficiente UEFA) junto a la irrupción de la Ley Bosman fue haciendo del fútbol de alta alcurnia algo menos mágico y atractivo. Ya no volveríamos a ver a un equipo completamente (o tomando una mayoría como base) de nacionales o jugadores de una región llegando lejos, algo que acabaría desnaturalizándolos. No tengo absolutamente nada en contra de los jugadores que cambian de país o continente para ganarse la vida lo mejor posible, están en todo su derecho, traen otra cultura, otra forma de entender el juego, otros regates, goles, sonrisa y sentido colectivo y/o del esfuerzo. Sin embargo no poseen la misma esencia que aquel Celtic que en 1965 conquistase Lisboa con 11 chicos de Glasgow y alrededores, o el Real Madrid ye-ye que un año después, compuesto de un grupo de jugadores españoles (Amancio, el veterano Gento, Velázquez, Serena, etc) junto a alguna gloria como Puskás, derrotase a un Partizan de Belgrado magnífico en el que sobresalía Vasovic, a la postre pieza fundamental del Ajax que comenzó dominando los 70, le sustituyó el Bayern posteriormente y a este los ingleses. Con algún extanjero y una base nacional, aquellos equipos no eran las multinacionales de ahora, sin ir más lejos el irreconocible Granada (¿dónde quedó su identidad?) o casi cualquier otro equipo de las dos primeras categorías de cada liga europea. 
 
Perdida la esencia, se va con ella la identidad así como la identificación del público. A mi no me importa con qué 11 jugadores dispute mi equipo cada encuentro siempre que lo den todo sobre el césped, pero convendremos que será más bonito y nos sentiremos más representados (no sé si mejor) siendo gente más o menos de nuestra tierra, algo que tampoco asegura nada, pues aquí en Málaga se ha dejado los cuernos Weligton como ya quisiera cualquier chaval de la cantera, aunque creo que entenderéis a qué me refiero. ¿El último refugio? Las selecciones, no obstante lo son menos cada vez. No por no jugar la gente de cada país, que normalmente es así, más bien porque facilitando tanto el acceso a los grandes torneos estos dejan de ser tan especiales, tan importantes, dado que se rebaja el nivel no en pos de la democracia, más bien para hacer más dinero, como en todo. Ah, el dinero, ese vil maligno que ha obrado un abismo cada vez mayor entre unos pocos clubes de élite y el resto... Perdonad el desvarío. Sí, las selecciones nacionales. Me encantó disfrutar de Albania, Gales o Islandia en la pasada Eurocopa, así como ojalá vea un día a Uzbekistán batirse contra Brasil o Camerún en un Mundial. Para ellos es algo tremendo, casi inalcanzable de no ampliarse las plazas. Sin embargo lo que para  Rumanía podía ser un hito, pasa a ser prácticamente una obligación toda vez que los combinados de primer y segundo nivel logran la clasificación sin mucho problema (Holanda es caso aparte, digno de estudio). 

El Göteborg campeón de la UEFA 1987
¿De veras nos apasiona el enésimo Arsenal-Bayern de todos los años en el que la duda es por cuántos goles vencerán los bávaros al inocente conjunto de Wenger? ¿Por qué han restado todo el atractivo a las fases de grupos de Euros y Mundiales (éstos desde 2022) otorgando cupos que rebajan el nivel hasta casi el esperpento? ¿Podremos volver a ir al fútbol en horas normales sin costarnos un ojo de la cara para ver un encuentro de Primera División? ¿Volverá la Prensa a dedicarse al deporte en vez de a envilecerlo y servirse de peinados, Instagrams, encuestas malintencionadas y cuentas de Twitter?

Dado que la respuesta más probable es no, no me cabe duda que sacrificaría todos los beneficios y ventajas que nombré al inicio del post con tal de volver a lo de antes: futbolistas normales, debates sobre fútbol y no sobre gilipolleces, horarios coherentes, precios asequibles, una radio que solo hable de deporte, unos partidos verdaderamente especiales, un poco de naturalidad, la que tenía la inocencia de un tiempo cuyo último reducto probablemente se encuentre en las divisiones inferiores. Por suerte o por desgracia, ahí sí podemos disfrutar de un Logroñés-Racing.

Homenaje a Chapecoense

Festejando la clasificación para la final. Hace tan solo 5 días.

No sé porqué, pero la tragedia de Chapecoense me ha dejado mal todo el día. Ello no significa que no me importen otras desgracias que ocurren con mayor frecuencia de las que somos capaces de reconocer (y asimilar), pero esta me dolió mucho. De hecho, me siento fatal mientras escribo estas líneas, aunque bien como humilde homenaje, bien como desahogo propio, siento la necesidad de expresar lo que siento. Lo único que espero es no ser demasiado torpe con ello, así que allá vamos...

La primera vez que leí o escuché algo sobre el Chapecoense fue en 2013, creo que a través de Alberto Zaragoza (@Albertigues) y Rodrigo Lacal (@RodrigoLacal), colegas con los que comparto la pasión por el fútbol brasileño. Ellos son más conocedores que yo, por eso sabían de las peripecias de los clubes humildes que pueblan los múltiples estaduales que dan acceso a la Serie D. Así, cuando les leí que sería maravilloso que Chapecoense ascendiera fue el primer y único año que disputaron la categoría de plata, el mencionado 2013.

Nunca habían llegado tan alto. De hecho el club nace como una fusión de otras dos entidades menores de la ciudad a mediados de los 70. Durante las siguientes décadas sus mayores éxitos fueron tres campeonatos catarinenses, un clásico bastante modesto dentro del gigantesco mundo que supone el fútbol brasileño. Así, si hace apenas un lustro se estrenaban en la C, en tan solo una temporada alcanzarían la B, necesitando el mismo lapso para conseguir un sorprendente ascenso a la A donde se encontrarían con rivales míticos como Palmeiras, Santos, Flamengo, Grêmio, etcétera.

La gesta de por sí ya era memorable, algo que ni los más viejos del lugar olvidarían. Como era previsible la máxima categoría se les iba a hacer muy dura. Comenzaron mal, aunque poco a poco fueron tomando el pulso competitivo hasta llegar a final del curso con opciones de salvación. Tal fue la remontada que prácticamente a falta de dos jornadas para la conclusión del Brasileirao obtuvieron la salvación tras derrotar a mi Botafogo. Recuerdo mi estupefacción y sufrimiento ese día, ya que ni ante un equipo así fuimos capaces de dar la cara.

El premio llegó con la clasificación para la Copa Sudamericana del año siguiente. Superaron tanto a sus compatriotas del Ponte Preta como al histórico Libertad paraguayo. Después les apearía el poderoso River Plate (vigente campeón continental por entonces), a la postre semifinalista del torneo. Ese 2015 consiguieron salvarse de nuevo, esta vez con un poco más de margen, así como otra oportunidad para disputar una copa internacional.

Novenos en el Brasileirao 2016 que está a punto de concluir, de no haber perdido contra el campeón Palmeiras aún conservarían opciones de disputar la Copa Libertadores del año que viene. Sin embargo ninguna alegría era mayor que lo que les debía esperar al llegar a Colombia. En silencio, fueron superando etapas en la Copa Sudamericana hasta alcanzar una final a todas luces inesperada por la cual batieron por el camino a Cuiabá, Independiente de Avellaneda, Júnior de Barranquilla y San Lorenzo. 

La pasada noche 81 personas salieron desde Bolivia dirección Medellín, Colombia, adonde les esperaba Atlético Nacional para la ida de la final. Casi todas las personas que iban en el avión fallecieron, desde pilotos, azafatas, periodistas, directivos y deportistas, con tan solo 5 supervivientes, de los que ya ha perdido la vida también Danilo, uno de los porteros que aún respiraba cuando llegó al hospital. Muchas familias y amigos han quedado destrozados, ellos son los más afectados sin duda. Pero el efecto multiplicador y de llamada que tiene este deporte, su identificación social, ha hecho que los 210.000 habitantes de Chapecó, en Santa Catarina, se encuentren consternados en estos momentos en que los que portaban su ilusión por obtener su primer título grande se marchan para siempre al cielo como campeones de nuestros corazones. 

Forza, Chapecoense.

Un paso atrás, un paso adelante

Alegría y decepción, todo en una misma imagen.
Hoy todos tienen en boca la victoria deportivo-social-política de México en suelo estadounidense, un país en el que no vencía a sus adversarios desde hace cuatro décadas en el marco de las eliminatorias mundialistas. Es un triunfo que hace feliz a mucha gente, incluido este redactor. República Checa parece espabilar, Polonia prosigue por su buen camino con un claro triunfo en Rumanía mientras Inglaterra venció sin problemas en Wembley a Escocia, en otra edición de un clásico cada vez más descafeinado. Aún resuenan los ecos del sorprendente triunfo peruano en Asunción goleando a una (ya no) siempre segura Paraguay, aunque es Argentina la que se relame de sus heridas ante el varapalo encajado ante Brasil. Por su parte, Libia y Túnez abrieron fuego ayer en África con victoria tunecina. Pero estas no serán nuestras historias de hoy, ya que nos centraremos en dos encuentros quizá no tan llamativos, aunque no por ello menos importantes.

ARMENIA 3 MONTENEGRO 2
Muchos palos se habían llevado los armenios hasta ahora a tenor de sus anteriores encuentros en la fase clasificatoria. No realizaron mal papel en las visitas a Dinamarca y Polonia, cayendo en ambos casos por la mínima ante selecciones superiores. Sin embargo el 0-5 encajado en casa ante Rumanía parecía certificar el fin de una época breve mas intensa en la que todos en el país caucásico soñaron no hace tanto con lograr el pase a un gran torneo. Ayer, para más inri, recibían a un líder que persigue ese mismo sueño desde hace aún más tiempo, habiéndolo rozado ya en varias ocasiones. 

El primer tiempo fue un monólogo montenegrino. Esperando atrás a su rival, el conjunto balcánico lanzaba contras muy directas que surtían efecto en la zaga local, a menudo superada por sus propias carencias. De este modo se llegó al descanso con 0-2 merced a los tantos de Kojasevic y Jovetic. Nada fuera de lo normal, pues el colista seguiría siéndolo a la vez que el líder afianzaría aún más su posición.

Algo debió suceder en los vestuarios del Vazgen Sargsyan Republican Stadium, ya que Armenia regresó de los mismos con un espíritu renovado de lucha que pronto les hizo recortar distancias mediante Grigoryan, que culminó una buena jugada colectiva. El duelo transcurrió durante un buen rato en una calma tensa, conocedores ambos equipos de lo que cambiaría todo si volvía a darse un tanto. Y sucedió, pues a los 74' de juego Haroyan aprovechó un lamentable error del portero visitante para igualar el marcador. Eso sí, Montenegro gozó de una ocasión inmejorable para recuperar el terreno perdido cuando Jovetic recortó al arquero Belgraryan y...  Mkoyan le sacó el chut bajo palos. El golpe definitivo llegó sin tiempo para reaccionar, de la manera más cruel. Con todo el pescado vendido, un latigazo lejano de Ghazaryan (al más puro estilo Schwarzenbeck) dio un triunfo memorable al conjunto armenio. Esta por ver cómo reacciona Montenegro, pero a su traspiés hay que sumar las victorias de sus rivales por la clasificación, Polonia y Dinamarca.



HONDURAS 0 PANAMÁ 1
Unas horas más tarde, del otro lado del charco, daba comienzo el Hexagonal en la CONCACAF. Como ya mencionamos antes, México derrotó 1-2 a USA, llevándose también una alegría el combinado costarricense ya que se impusieron 0-2 ante Trinidad y Tobago. La competencia daba comienzo en San Pedro Sula, con Honduras, bien experimentada en estas lides, recibiendo a una Panamá que lleva años intentando dar un golpe que nunca acaba de llegar.

Una liguilla tan igualada exige hacer de la casa propia un fortín, intentando arañar fuera algún punto que permita soñar con ubicarse entre los tres primeros (clasificación directa) o alcanzar al menos la cuarta posición que permita una nueva oportunidad en la repesca intercontinental. Por ello resulta tan chocante lo que acaeció ayer, por extraño y poco habitual. Honduras y Panamá ya se enfrentaron dos veces en suelo hondureño en la pasada eliminatoria (se encontraron en dos fases diferentes), con saldo favorable para La Marea Roja, que fue capaz de arrancar cuatro puntos de seis posibles.

Una vez más, el país catracho volvió a dar suerte a Panamá. A los 20 de juego una falta en la frontal permitió a Escobar adelantar a los suyos sirviéndose de un error garrafal de la barrera. Hasta ahí, y también desde entonces, los hombres de Jorge Luis Pinto fueron superiores a los de su compatriota el ''Bolillo'' Gómez (ambos colombianos) sobre el césped, aunque nunca pudieron agitar de nuevo el marcado pese a las muchas ocasiones de las que gozaron. También tuvieron algunas los panameños en varias contras muy claras que no supieron o no pudieron culminar, aunque qué duda cabe que poco les debe importar eso ahora tras llevarse tres puntos tan importantes.


Su siguiente reto será frenar a México la noche del próximo martes, un envite al que los dos seleccionados llegan con el ánimo por las nubes. Por su parte, a Honduras le queda luchar por recuperar el terreno perdido en casa ante Trinidad & Tobago. Suena duro decirlo, pero un nuevo traspiés de cualquiera de los dos comprometerá bastante su situación apenas en la segunda jornada, si bien así es la salvaje competencia en la CONCACAF.

Campeones un 26 de octubre

Ayer dos equipos se proclamaron campeones de sus respectivas Ligas, el Astana mantuvo su dominio de las últimas temporadas en la Liga de Kazajistán y el Malmö hizo lo propio en la Allsvenskan.

Al Astana le valía un empate en su visita al Okzhetpes y eso fue lo que logro, un empate a cero que le da el titulo a falta de una jornada. Es su tercer titulo liguero consecutivo aunque este año el Kairat Almaty no se lo ha puesto nada sencillo, el equipo que tiene en sus filas a jugadores como Arshavin, Tymoshchuk, el español Cesar Arzo y el goleador marfileño Gohou peleó hasta el final pero pago caro su flojo inicio de Liga. Por el contrario el Astana ha sido más regular y ha comandado la Liga desde el inicio, en el tramo final supo administrar su ventaja a pesar de perder sus últimos dos duelos ligueros ante el Kairat Almaty.

El Astana se ha vuelto un habitual en las competiciones europeas haciendo valer el factor campo, la temporada pasada alcanzó la fase de grupos de la Champions League y no perdió en el flamante Astana Arena ni contra el Galatasaray, el Benfica o el Atlético de Madrid, mostrándose como un equipo muy incomodo y bien organizado defensivamente. Esta campaña está disputando la fase de grupos de la Europa League tras caer en la previa de la Champions ante el Celtic en una eliminatoria muy igualada, y tampoco ha perdido como local.

Se trata de un club muy joven, fundado en 2009 con el objetivo de ser el dominador del fútbol kazajo y de la mano del entrenador búlgaro Stanimir Stoilov lo está consiguiendo. Tiene la mejor defensa del campeonato y algunos extranjeros de cierto nivel como los serbios Maksimovic y Despotovic, el ghanés Twumasi, el congolés Junior Kabananga o el colombiano Roger Cañas.

Al Malmö le han sobrado dos jornadas tras vencer ayer por 0-3 al colista Falkenbergs y aprovecharse de la derrota del Norrköping en campo del Elfsborg por 2-1. Tras la sorprendente derrota del pasado sábado por 0-3 ante el Ostersunds, el Malmö se presentaba al partido de ayer con muchas bajas pero no tuvo problemas ante el peor equipo de la categoría, al minuto ya ganaba con gol del noruego Berget y a los 20 minutos el joven Svanberg hacia el 0-2, en la segunda parte completo la victoria con el tercer gol obra del delantero Jeremejeff, incluso se permitió el lujo de fallar un penalti por parte de Berget. No hubo nada de emoción durante el partido y cuando se confirmó la derrota del Norrköping hubo invasión de campo por parte de los hinchas del Malmö al final del choque.

Tras un inicio algo titubeante el Malmö pronto se asentó en la zona noble y ha sido líder en la mayoría de las jornadas, haciendo buenos los pronósticos que lo consideraban el gran favorito al titulo al disponer de la mejor plantilla. En el mercado veraniego perdió a su goleador islandés Kjartansson que fue vendido al Maccabi Tel Aviv, curiosamente a pesar de llevar muchas jornadas sin jugar sigue siendo el máximo goleador del torneo con 14 goles, pero su sustituto Jeremejeff ha cumplido bastante bien.

Su grandes rivales han sido el Norrköping y el AIK. El actual campeón tuvo más salidas importantes en verano que sus rivales, como las de Kujovic (Gent), Traustason (Rapid Viena) y Nyman (Braunschweig), debilitando bastante al equipo y en el tramo final lo ha pagado. Su derrota por 1-2 hace unas pocas jornadas ante el Malmö acabó inclinando la balance definitivamente. Mientras el AIK que ha hecho una gran segunda parte de la temporada tras un mal arranque, perdió sus remotas opciones al titulo al perder el lunes en campo del Göteborg por 1-0, destacar al jovencísimo delantero Alexander Isak que con 17 años ha sido la sensación de la temporada.

Las grandes decepciones del Malmö este año se las ha llevado en la Copa sueca que es su competición maldita, no la ganan desde 1989, y este año perdieron la final de la edición 2015/16 ante el Hacken por penaltis jugando en su propio estadio, esfumándose además la última opción para jugar competición europea esta campaña, y en la actual edición  cayeron eliminados en segunda ronda de manera sorprendente por el Landskrona que milita en la 3ª división.


Con este nuevo título de Allsvenskan el Malmö ha ganado tres de las últimas cuatro ediciones (también venció en 2010), completando un claro dominio en la Liga local. Además ha disputado la fase de grupos de la Champions League en la 2014/15 y 2015/16, y ese será otro gran objetivo para el año próximo. 

Milán se rebela ante el déspota

Locatelli, feliz por su tanto.
Algo se rompió hace diez años cuando se destapó el Calciopoli. La Serie A perdería prestigio, poderío deportivo y económico para no volver a recuperarse del varapalo hasta el momento. Desde aquel momento han ganado un par de Champions por ninguna Europa League. No mucho antes atemorizaban al Viejo Continente con el brillo de sus estrellas, sus defensas impenetrables, la intimidación de la Vecchia Signora en el vetusto Delle Alpi, el miedo que infligía San Siro, el temblor que provocaban no ya lombardos, piamonteses o laziales, sino también un Parma o Sampdoria de la vida. Ahora solo queda la Juventus.

Los bianconeri son los vigentes campeones. Como el año anterior. Y como el otro. Y así desde que el 2012 recuperasen el cetro tras seis años en Milán, con un descenso de categoría de por medio, pero también con una catarsis que les ha llevado a convertirse en un modelo de gestión ejemplar e intachable, el molde sobre el que edificar el fútbol italiano del Siglo XXI, algo en lo que sus rivales siguen a la cola. Esto, cuya parte deportiva está claramente estructurada en un plan muy conciso y estudiado, les lleva a ganar sí o sí, por inercia, por calidad o por incompetencia del resto.

Todo esto viene a colación porque hace unas horas han vuelto a visitar San Siro, como el mes pasado. Aquella vez cayeron ante el Inter con el verano tocando a su fin. En esta ocasión, ante un Milan que estos años negros atraviesa una crisis aún peor que la de su rival ciudadano (que ya es decir), comandado por Vincenzo Montella, que está llevando muy dignamente a una plantilla hecha de remiendos a situarse a tan solo dos puntos del liderato del campeonato.

Sí, el Milan cuyo once probablemente no tendría ni a uno solo de sus integrantes entre los suplentes de esa misma institución hace una década (el equipo de los Seedorf, Pirlo, Kaká, Maldini, etcétera), batió al gran ogro nacional, a esa nave que parece inalterable, gracias al buen trabajo colectivo coronado por el aplomo de un sensacional Donnarumma bajo palos y por el descaro de Locatelli, héroe con su golazo de una victoria que no lograban los rossoneri ante los de Allegri desde hace años. Dos niños que hoy son la esperanza de un futuro mejor, algo que anhelan ambas vertientes en una ciudad que necesita volver a sentirse futbolísticamente importante, y que desea el Calcio con todas sus fuerzas para que el esplendor del pasado vuelva de su mano.


Por cierto, ese par de Champions que han alzado los clubes italianos desde 2006, aquellas que mencionaba al principio de este artículo, las lograron los dos alicaídos gigantes milaneses. Cualquier otro tiempo fue mejor para ellos, si bien su orgullo no se cuestiona.